Casi lunes.

El aroma de unas pocas calles, las trazas de ladrillo en el aire y un poco de asfalto. ¿Cuánto más pudo ser? Qué tanto tiempo compartimos a la luz del día o en la pasividad de la noche. Es difícil creer que tan poca exposición haya producido una necesidad tan grave. Pero hoy es un día distinto y nunca brilló más intensamente mi reflejo como hoy, nunca tanta sed y junto a ella tanta distancia.

No debería tener conversaciones contigo, no debería escuchar de ti un “hola” precediendo mi nombre, eres una idea y las ideas no hablan ni dicen “hola” precediendo mi nombre. No debería someterme tan afanosamente a ti, ni permanecer vigilante a tus movimientos mientras te veo pasar, no debería verte (las ideas son invisibles). Pero te veo enseñándome todo, te siento en mi espalda con tu mentón cerca de mi hombro despidiendo tu aliento sobre mi cabeza, te oigo diciendo “hola” precediendo mi nombre.

Te imagino pensando respuestas para las preguntas que no hice, teniendo listo tu mejor repertorio, dispuesta a derribar mis flechas y romper mi arco. Te imagino silenciosa tratando de olvidar aquello que no leiste, la música mía que no escuchaste, las palabras que no salieron, el tacto que no fue tacto sino lluvia.

Yo también deseo que la fuerza te acompañe.

FRAGMENTO DE OTRA CONVERSACIÓN NO SOSTENIDA

—Deja de decir las cosas que piensas de mi o me iré y quedarás aquí solo.
—¿Por qué?
—Porque no quiero oirlas
—¿Por qué?
—Porque no pienso de la misma manera que tú
—Mentira
—¿Por qué?
—Porque te conozco y sé que te gusta oír lo mucho que dependemos los árboles de ti.
—Hace tiempo mi corazón se durmió en una estera
—¿Cuánto tiempo?
—Más del que puedo recordar
—¿Me recuerdas?
—No.

(…)

Para qué te vas a ir si donde quiera que vayas voy.
Dediquemos nuestros cuerpos juntos al silencio y la dejadez.
Te puedo acompañar a ninguna parte, he ido varias veces y conozco el camino.
Puedo acariciar tus cabellos marchitos y siento en mis manos la fuerza necesaria para levantar tus platos.

Puedo esconderme contigo de nosotros, puedo decir cuando te llames a ti: “Ella no está. Ella no es, yo soy, o dicho de otra forma: soy yo”

Para qué te vas a ir si todos en la mesa sabemos que no hay a donde ir.

De las mismas hojas.

—¿Por qué lloras tan amargamente?
—Ha muerto quien era lo más importante para mi
—¿Quién?
—Yo.

Me he visto reflejado en un espejo de sombría profundidad, un dolor nacido de ver que eres igual a mi.
Te puedo sentir amargamente, porque el entorno en el que has germinado te trata de igual forma que a mi, todo el amor a tu alrededor tratando simplemente de permanecer. Todo el anhelo que se desprende de ti como un aroma voraz y nada más. No eres de nadie ni serás.

Enfermé de verme en ti al verte, sé lo que eres, como un anillo preciso para el diámetro de mis dedos. Jamás seré de nadie, como tú.

Enfermé de la libertad que deseas porque yo también la deseo. Mañana si lo hay, en un destino si lo llego a atravesar, estoy solo, acompañado del viento y del tormentoso sonido de tu silencio.

Sé ahora que moldeaste mi camino hacia mi, caminé sin pausa olfateando tus huellas como un perro, siguiendo tu rastro difuso, aprendiendo tu camino, y el camino me hizo. Me hice por tu estrella, por tu estela de colores magenta, y cada búsqueda que no finalicé desembocó en todo lo que construí de mi.

Me moriré sin mi como he vivido.
Te encontré pero no eres más que yo mismo deseando los mismos males y padeciendo las mismas nubes.
Sé que a diario alguien toca tu puerta y como yo no puedes abrir, sé que el amor no significa nada para ti, porque ahora que lo he visto esfumarse tan afanosamente no significa nada para mi.

Te dije algo sobre Osho, sobre no arrancar la flor, sobre que el amor no se trata de la posesión, pero ya te poseo al poseerme a mi mismo (y tengo mas que claro aún así, que no somos la misma cosa). No te puedo arrancar pues yo he sido un tallo que se ha derivado de ti.

—No atraigas esas energías malas energías porque tarde o temprano llegan
—No mientas, por años te he atraído y no te tengo. Qué dolor produce verme en ti y saber que nunca me tendré.

FRAGMENTO DE UNA CONVERSACIÓN NO SOSTENIDA.

—Y, ¿Por qué te quieres morir?
—Ya he muerto varias veces, una vez más qué más da.